Rijksmuseum: part 4 – Appel, Jacob (I) -- Het poppenhuis van Petronella Oortman, 1700-1720
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Dentro del mueble, se despliega un complejo escenario doméstico en miniatura. Se observa una casa con múltiples habitaciones, cada una representada con gran detalle y realismo. Las paredes están decoradas con tapices y pinturas, los suelos cubiertos con alfombras, y los muebles cuidadosamente dispuestos para recrear la atmósfera de una vivienda burguesa del siglo XVIII. En cada habitación, pequeñas figuras humanas, vestidas con ropas de época, interactúan en escenas cotidianas: una mujer que atiende a un niño, otra que conversa con un hombre, o simplemente se dedican a actividades domésticas.
La iluminación es uniforme y difusa, permitiendo apreciar la riqueza de los detalles y la minuciosidad del trabajo. La perspectiva es cuidadosamente controlada para crear una sensación de profundidad y realismo en el interior de la casa de muñecas. El artista ha prestado especial atención a la representación de las texturas: la suavidad de las telas, el brillo de los metales, la calidez de la madera.
Más allá de la mera descripción de un objeto decorativo, esta obra parece sugerir una reflexión sobre la domesticidad, el orden social y el papel de la mujer en la sociedad del siglo XVIII. La casa de muñecas, como microcosmos de la vida familiar, podría interpretarse como una alegoría de las expectativas sociales impuestas a las mujeres de la época: confinadas al ámbito doméstico, encargadas de mantener el orden y la armonía del hogar. La minuciosidad con que se ha representado cada detalle sugiere también una fascinación por la imitación de la vida real, un deseo de controlar y representar el mundo a través de la réplica en miniatura. La presencia de figuras humanas, aunque pequeñas e inanimadas, añade una dimensión narrativa a la escena, invitando al espectador a imaginar las historias que se desarrollan dentro de este universo artificial. La propia estructura del mueble, con sus puertas abiertas y su interior expuesto, podría interpretarse como un símbolo de transparencia y exhibición, sugiriendo una crítica sutil a la ostentación y el deseo de mostrar riqueza y estatus social.