Rijksmuseum: part 4 – Roland Holst, Richard -- Boer bij een hooischelf (1889), 1889
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El entorno está dominado por una estructura voluminosa, presumiblemente un hórreo o granero, de tonalidades verdosas y ocres, que se eleva sobre el terreno. Árboles con ramas retorcidas y frondosas completan la composición, creando una sensación de encierro y aislamiento. La luz es difusa, filtrándose a través del follaje, lo que contribuye a la atmósfera sombría y reflexiva.
La pincelada es suelta y expresiva, con trazos gruesos y empastados que sugieren una textura palpable. Los colores son terrosos y apagados, predominando los verdes, marrones y grises, acentuando el carácter austero del paisaje. La ausencia de detalles específicos en la figura y el entorno permite al espectador proyectar sus propias interpretaciones sobre la escena.
Más allá de la representación literal de un campesino junto a un hórreo, esta pintura parece explorar temas como la soledad, la introspección y la conexión con la naturaleza. El hombre no es presentado como un trabajador diligente, sino más bien como una figura contemplativa, inmersa en sus propios pensamientos. La monumentalidad del hórreo sugiere quizás el peso de las tradiciones o la carga del trabajo rural. En conjunto, la obra transmite una sensación de quietud y melancolía que invita a la reflexión sobre la condición humana y su relación con el entorno natural. Se intuye un cierto desasosiego, una sutil tensión entre el individuo y el espacio que lo rodea.