Rijksmuseum: part 4 – Troostwijk, Wouter Johannes van -- Het Raampoortje te Amsterdam, 1809
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El autor ha dispuesto en primer plano una estructura arquitectónica de piedra, con un arco central que sirve como paso bajo el nivel del suelo. Este elemento se integra en una muralla más extensa, delineando la orilla del agua congelada. A lo largo de esta muralla, se aprecian varios personajes: figuras humanas vestidas con ropas oscuras y sombreros, así como un grupo tirando de un carro o diligencia por el hielo. La presencia de estos individuos introduce una nota de actividad cotidiana en la quietud del paisaje invernal.
En segundo plano, se extiende una vista de la ciudad, caracterizada por edificios de tejados rojizos y fachadas variadas. Una torre alta, presumiblemente un campanario o faro, se eleva sobre el horizonte, sirviendo como punto focal visual y proporcionando una referencia espacial. La disposición de los edificios sugiere una planificación urbana densa y compacta, típica de las ciudades históricas europeas.
La composición general transmite una sensación de calma y contemplación. El uso del color es moderado, con predominio de tonos grises, marrones y blancos que refuerzan la atmósfera invernal. La técnica pictórica parece buscar la precisión en el detalle arquitectónico y la representación de las texturas (la nieve, la piedra, los tejidos), aunque sin renunciar a una cierta suavidad en el tratamiento de la luz y la sombra.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre la vida cotidiana en un entorno urbano marcado por las condiciones climáticas adversas. La imagen evoca una sensación de nostalgia o melancolía, quizás asociada con la transitoriedad del tiempo y la fragilidad de la existencia humana frente a la naturaleza. El contraste entre la actividad humana (el carro tirado por animales, los personajes caminando) y la inmovilidad del paisaje helado podría sugerir una tensión inherente a la condición humana: el deseo de progreso y movimiento en un mundo que a menudo se presenta como estático e implacable. La estructura arquitectónica, con su arco oscuro, también puede interpretarse como un símbolo de transición o umbral, sugiriendo una puerta hacia lo desconocido o hacia un pasado distante.