Rijksmuseum: part 4 – Maris, Matthijs -- Studie van een oude vrouw, 1855-1858
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El autor ha prestado especial atención a la representación de las arrugas y los signos del envejecimiento: profundas líneas surcan la frente, se marcan las cuencas oculares y el labio inferior presenta una leve curvatura que podría interpretarse como una sonrisa melancólica o un ligero temblor. La piel aparece texturizada, con tonos terrosos y grises que acentúan su aspecto envejecido y despojado de vitalidad. La luz incide sobre el rostro desde un ángulo no especificado, creando sombras sutiles que modelan los volúmenes y contribuyen a la atmósfera general de quietud y solemnidad.
El cabello, largo y lacio, enmarca el rostro y se funde con el fondo, lo que acentúa aún más la sensación de aislamiento y contemplación. La vestimenta es sencilla: un cuello alto, posiblemente una camisa o blusa, delineado con pinceladas rápidas y expresivas.
Más allá de la mera representación física, esta pintura parece explorar temas relacionados con el paso del tiempo, la memoria y la fragilidad humana. La expresión serena pero marcada por la experiencia sugiere una vida llena de vicisitudes, quizás de pérdidas o desilusiones. El gesto de los ojos cerrados podría interpretarse como un intento de evadir el mundo exterior, buscando refugio en el interior de uno mismo. El estudio, con su carácter inacabado y su enfoque en la expresión del rostro, sugiere una búsqueda de la esencia de la persona retratada, más allá de las convenciones sociales o estéticas. Se intuye una intención de capturar no solo la apariencia física, sino también el espíritu y la historia contenida en ese rostro marcado por los años.