Rijksmuseum: part 4 – Magnasco, Alessandro -- Drie Camaldolenser monniken in extatisch gebed, 1710-1740
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Aquí se observa una composición de marcado dramatismo y atmósfera opresiva. La escena transcurre en un espacio cavernoso, posiblemente natural, delimitado por sombras profundas que atenúan la luz entrante. Esta iluminación, aunque tenue, resalta a tres figuras centrales: monjes camaldulenses, vestidos con hábitos blancos y oscuros, inmersos en una experiencia de fervor religioso.
La disposición de los personajes es significativa. Uno de ellos se encuentra arrodillado, con el rostro inclinado sobre un objeto que parece ser un libro o pergamino, su postura denotando intensa concentración o quizás éxtasis. Otro monje, situado a la izquierda, levanta las manos en un gesto de súplica o exaltación, mientras que el tercero, en primer plano y a la derecha, se encuentra prostrado sobre el suelo rocoso, con una expresión de profunda humildad o dolor.
El entorno contribuye a la atmósfera general de solemnidad y recogimiento. Una cruz, ubicada en un lateral, apunta hacia el cielo, sugiriendo una conexión entre lo terrenal y lo divino. La presencia de un cráneo sobre una superficie cercana al monje arrodillado introduce una nota de memento mori, recordatorio de la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, elementos recurrentes en el arte religioso barroco.
El autor ha empleado una paleta de colores dominada por tonos terrosos y ocres, con contrastes marcados entre las zonas iluminadas y las sombras. Esta técnica acentúa el dramatismo de la escena y contribuye a crear una sensación de profundidad espacial. La pincelada es suelta y expresiva, lo que confiere a las figuras un aire de movimiento y vitalidad, a pesar de su postura estática.
Subyace en esta pintura una reflexión sobre la espiritualidad, el sacrificio y la relación entre el hombre y Dios. La intensidad emocional transmitida por los rostros y gestos de los monjes sugiere una experiencia religiosa profunda y personal, mientras que la presencia del cráneo invita a la contemplación sobre la mortalidad y la trascendencia. La composición, en su conjunto, evoca un sentimiento de misterio y devoción, invitando al espectador a participar en el momento de fervor religioso representado.