Rijksmuseum: part 4 – Meester van de Vrouwelijke Halffiguren -- Het oordeel van Paris, 1532
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En primer plano, un hombre joven, vestido con ropajes suntuosos de color rojizo, está sentado sobre una base elevada. Su expresión parece concentrada, casi indecisa, mientras observa a tres mujeres que se presentan ante él. Cada mujer le ofrece una manzana como símbolo de su atractivo y mérito. La postura del hombre sugiere un peso considerable en la decisión que debe tomar; su cuerpo inclinado hacia adelante denota una tensión interna palpable.
Las figuras femeninas son representadas desnudas, con una idealización de las formas corporales propia del arte de la época. Sus gestos son deliberados y teatrales: una extiende la manzana directamente al hombre, otra la ofrece con un ligero movimiento de la mano, mientras que la tercera se apoya en una lanza, mostrando una actitud más desafiante o quizás resignada. La diversidad en sus expresiones faciales contribuye a la complejidad del relato.
Detrás del hombre y las mujeres, una escultura de un ángel alado sostiene una especie de balanza o recipiente, posiblemente simbolizando la justicia o el arbitraje divino. Esta figura añade una capa adicional de significado a la escena, sugiriendo que la decisión del hombre no es meramente personal sino que tiene implicaciones más amplias y trascendentales.
La paleta de colores es dominada por tonos terrosos y verdes, con contrastes suaves que acentúan el dramatismo de la situación. La luz incide sobre las figuras principales, resaltando sus cuerpos y enfatizando su importancia dentro del relato.
Subtextualmente, la pintura explora temas como la belleza, la vanidad, la elección y las consecuencias de los juicios subjetivos. El episodio narrado parece aludir a una reflexión sobre el poder, la influencia y la responsabilidad que conlleva tomar decisiones con impacto en otros. La desnudez de las mujeres podría interpretarse tanto como un símbolo de vulnerabilidad como de pureza idealizada, mientras que la presencia del ángel sugiere una dimensión moral o divina que trasciende la esfera humana. El paisaje agreste, por su parte, podría representar el contexto social y político en el que se desarrolla este episodio mitológico.