Balthasar Van Der Ast – Still Life with a Basket of Flowers
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Aquí se presenta una composición de bodegón que exhibe un meticuloso estudio del detalle y una rica paleta cromática. El autor ha dispuesto sobre una superficie horizontal una variedad de elementos naturales, organizados en torno a una cesta rebosante de flores.
La cesta, confeccionada con fibras vegetales entrelazadas, se erige como el punto focal central. Dentro de ella, un exuberante despliegue floral domina la escena: rosas de tonalidades rosadas y carmín, anémonas azules, lirios blancos y otras especies menos identificables se mezclan en una armoniosa cacofonía de formas y texturas. La pincelada es precisa, capturando con fidelidad las sutiles variaciones de color y la delicadeza de los pétalos.
En el primer plano, a la izquierda, un melocotón partido revela su pulpa jugosa, mientras que otros frutos dorados se agrupan junto a él. A la derecha, una colección de conchas marinas, de diversas formas y tamaños, se distribuye sobre la superficie, introduciendo un elemento exótico y contrastante en la composición. Un saltamontes verde esparce su presencia entre las conchas, añadiendo una nota de vitalidad y movimiento a la quietud general del bodegón. La presencia de mariposas que revolotean en el espacio superior sugiere una atmósfera etérea y un sutil diálogo entre lo efímero y lo tangible.
El fondo oscuro, casi monocromático, acentúa la luminosidad de los objetos representados y contribuye a crear una sensación de profundidad. La iluminación, proveniente de una fuente no visible, incide sobre las superficies, revelando sus texturas y creando un juego de luces y sombras que realza el volumen de los elementos.
Más allá de su valor estético, la obra parece sugerir reflexiones sobre la transitoriedad de la belleza y la fugacidad de la vida. La combinación de flores frescas y frutos maduros con las conchas marinas, símbolos de lo eterno, y la presencia del insecto, representante de la naturaleza en constante cambio, invita a una contemplación melancólica sobre el paso del tiempo y la inevitabilidad de la decadencia. La meticulosidad en la representación de los detalles puede interpretarse como un intento de capturar la esencia de estos elementos antes de que desaparezcan, convirtiendo el bodegón en una memento mori sutilmente expresada.