Henry (Fussli Fuseli – The Fire King appears to Count Albert
Ubicación: Victoria and Albert Museum, London.
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A la izquierda, un hombre joven, presumiblemente de rango noble por su vestimenta (una túnica con detalles metálicos y un manto rojo), se muestra en una pose de sorpresa y angustia. Su mano se levanta instintivamente hacia su rostro, como si intentara protegerse de lo que está presenciando o de la revelación repentina que le asalta. La expresión en su semblante es de genuino terror, acentuada por sus ojos abiertos y su boca entreabierta.
En el centro, una figura imponente se erige con un aura de poder misterioso. Su barba larga y desordenada, junto con la vestimenta tosca y rústica, sugieren una conexión con lo primordial o lo elemental. El rostro está parcialmente oculto en las sombras, pero se percibe una mirada intensa y penetrante que parece irradiar energía. La luz que lo envuelve le confiere un carácter casi divino o demoníaco, dependiendo de la interpretación del espectador.
Finalmente, a la derecha, otro hombre aparece prostrado en el suelo, aparentemente sometido a la voluntad de la figura central. Su cuerpo desnudo y su postura sumisa refuerzan la idea de una jerarquía de poder claramente establecida. La luz que incide sobre su piel resalta su vulnerabilidad y su estado de indefensión.
El fondo oscuro, salpicado por lo que parecen ser escalones ascendentes hacia un lugar desconocido, contribuye a la sensación de misterio y opresión. La ausencia casi total de detalles en el entorno concentra la atención del espectador en las figuras principales y en sus interacciones.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como el enfrentamiento entre lo humano y lo sobrenatural, la fragilidad ante fuerzas superiores, y la confrontación con los propios miedos o debilidades. La diferencia de vestimenta y apariencia entre los personajes sugiere una dicotomía entre la civilización y la naturaleza, o quizás entre la razón y la superstición. La escena podría interpretarse como una alegoría sobre el poder, la tentación, o la pérdida de la inocencia. El uso dramático de la luz y la sombra intensifica la carga emocional de la obra, invitando a la reflexión sobre los límites del conocimiento humano y la naturaleza de lo desconocido.