Cimabue – Maesta
Ubicación: Uffizi gallery, Florence (Galleria degli Uffizi).
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En la parte alta, la Virgen María, sentada sobre un trono ricamente decorado, sostiene a su hijo Jesús en su regazo. La postura de ambos es frontal y solemne, transmitiendo una sensación de majestad y divinidad. La Virgen viste una túnica azul, color asociado tradicionalmente con la realeza y la pureza, que contrasta con el dorado del trono y las vestimentas del Niño. Alrededor de ellos se despliegan varias figuras angelicales, representadas con alas doradas y halos luminosos, creando un ambiente celestial. La disposición de los ángeles no es simétrica; algunos parecen emerger desde la parte superior, mientras que otros se sitúan a ambos lados de la Virgen, contribuyendo a una sensación de movimiento y dinamismo dentro del espacio pictórico.
La zona inferior presenta una arquitectura con arcos y columnas que evocan un ambiente palaciego o catedralicio. Dentro de estos espacios arquitectónicos se encuentran figuras masculinas, probablemente profetas o santos, representados con barbas largas y vestimentas ceremoniales. La iluminación en esta sección es más tenue que en la parte superior, lo que acentúa el contraste entre el mundo divino y el terreno.
El uso del dorado es fundamental para crear una atmósfera de riqueza y trascendencia. No solo se utiliza en los halos y las alas de los ángeles, sino también en detalles decorativos del trono y del fondo, contribuyendo a la sensación de que la escena transcurre en un reino celestial. La paleta cromática es rica pero contenida, con predominio de azules, dorados y rojos, colores simbólicos asociados con la fe cristiana.
Subtextualmente, esta pintura parece querer transmitir una imagen de poder divino y protección maternal. La Virgen María se presenta como intercesora entre Dios y los hombres, mientras que el Niño Jesús simboliza la esperanza y la salvación. La arquitectura inferior sugiere un vínculo entre lo terrenal y lo celestial, insinuando la posibilidad de alcanzar la divinidad a través de la fe y la devoción. El desequilibrio en la composición, con una distribución asimétrica de los ángeles, podría interpretarse como una representación de la gracia divina que se manifiesta de manera inesperada e impredecible. La pintura invita a la contemplación y a la oración, ofreciendo un refugio espiritual al espectador.