Veronese (Workshop) – Saint Jerome in the Wilderness
Ubicación: Art Institute, Chicago.
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Aquí se observa una composición de marcado carácter simbólico y contemplativo. El autor ha dispuesto la figura central, un anciano barbado, en un entorno agreste y salvaje, delimitado por una densa vegetación que acentúa su aislamiento. La luz incide sobre él con intensidad, revelando los detalles de su piel envejecida y delineando las arrugas que surcan su rostro, transmitiendo una sensación de sabiduría adquirida a través del tiempo y la experiencia.
El anciano se encuentra sentado sobre un lecho rocoso, envuelto en una túnica carmesí que contrasta con el tono terroso del paisaje circundante. Su postura es introspectiva; una mano se levanta en un gesto de súplica o advertencia, mientras que la otra descansa sobre un escritorio donde reposa un cráneo humano y un pequeño instrumento de escritura. A sus pies, abierto sobre un libro, se encuentra un volumen encuadernado, posiblemente un texto sagrado.
Un león, símbolo tradicional de fortaleza y dominio, duerme plácidamente a su lado, ofreciendo una imagen inusual de coexistencia pacífica entre el hombre y la bestia. Esta relación sugiere una victoria espiritual sobre los instintos primarios o, quizás, una representación de la protección divina. A la izquierda, un joven ataviado con sombrero observa la escena desde cierta distancia, como testigo silencioso del evento que se desarrolla.
En el fondo, se vislumbra un paisaje urbano distante, bañado por una luz suave y difusa. Esta inclusión introduce una dualidad entre la vida contemplativa en la soledad del desierto y la existencia mundana, sugiriendo una posible renuncia a los placeres terrenales en favor de una búsqueda espiritual más profunda.
La presencia del cráneo es un memento mori, una recordatorio constante de la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. El libro abierto representa el conocimiento y la sabiduría, herramientas esenciales para afrontar las pruebas de la existencia. La composición en su conjunto invita a la reflexión sobre temas como la fe, la penitencia, la redención y la relación entre el hombre y lo divino. Se percibe una atmósfera de melancolía y recogimiento, donde la soledad se convierte en un espacio propicio para la introspección y la búsqueda de la verdad.