Pietro da Cortona – Cupid and Pan
Ubicación: Vatican Museums (Musei Vaticani), Vatican.
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En el lienzo se observa una escena dinámica y contrastante protagonizada por dos figuras centrales: un ser mitológico con características caprinas y una criatura alada infantil. El personaje de complexión robusta, piel rojiza y barba abundante, descansa sobre el suelo cubierto de vegetación. Su cabeza está adornada con una corona de hojas, sugiriendo una conexión con la naturaleza salvaje o un culto dionisiaco. En su mano izquierda sostiene una flauta doble, instrumento asociado a menudo con la música pastoril y la sensualidad. Sus extremidades inferiores son las de un animal ungulado, concretamente cabra, lo que le confiere una apariencia híbrida y ambivalente.
Sobre el hombro del ser caprino se encuentra un niño alado, presumiblemente un cupido. Este personaje exhibe una actitud juguetona y traviesa; intenta quitarle un objeto –posiblemente ramitas o flores– de las manos del ser inferior. Su cuerpo desnudo resalta su inocencia y vulnerabilidad, contrastando con la figura más madura y terrenal que lo sostiene. Porta un arco y una carcaj a sus espaldas, símbolos tradicionales del amor y el deseo.
El paisaje circundante presenta elementos bucólicos: árboles frondosos, colinas onduladas y construcciones distantes que evocan un entorno rural idílico. La luz incide de forma desigual sobre las figuras, creando sombras pronunciadas que acentúan su volumen y dramatismo.
La composición sugiere una relación compleja entre los dos personajes. El ser caprino, asociado a menudo con la lujuria y el instinto animal, parece tolerar o incluso disfrutar del juego del cupido. La interacción podría interpretarse como una representación de la tensión entre la pasión desenfrenada y el amor idealizado. La presencia del arco y las flechas del niño alado insinúa que el ser caprino es objeto de sus dardos amorosos, lo que implica un sometimiento a los designios del afecto.
El contraste físico y simbólico entre ambos personajes –la fuerza bruta frente a la delicadeza infantil, la naturaleza salvaje frente a la divinidad– sugiere una reflexión sobre la dualidad humana: la coexistencia de impulsos instintivos y aspiraciones espirituales. La escena podría aludir a los peligros y las complejidades del amor, así como a la capacidad de este para transformar incluso a las criaturas más indómitas.