Rijksmuseum: part 2 – Netscher, Caspar -- Anna Maria Hoeufft (1646-1715). Echtgenote van Jan Boudaen Courten, 1690-1753
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La paleta de colores se centra en tonos cálidos: ocres, dorados y marrones dominan el vestuario de la retratada, contrastando con el violeta profundo de un tejido que cae a un lado, actuando como cortina o telón de fondo parcial. La luz incide sobre su rostro y cuello, resaltando la textura de la piel y la delicadeza de sus facciones. Se aprecia una sutil sonrisa, que denota serenidad y confianza. El cabello, castaño oscuro con reflejos rojizos, está recogido en un peinado elaborado, adornado con lo que parece ser una joya o diadema.
El fondo se difumina intencionalmente, mostrando fragmentos de un paisaje boscoso a través de la abertura entre el tejido violeta y la falda de la retratada. Esta elección estilística no solo evita distracciones del sujeto principal, sino que también sugiere una conexión con la naturaleza, aunque filtrada por la artificialidad del entorno doméstico.
La riqueza de los materiales representados – la seda del vestido, las perlas del collar, el tejido lujoso del sillón – apunta a un estatus social elevado. La pose y la expresión transmiten una imagen de virtud y estabilidad familiar, valores muy apreciados en la época. El detalle del encaje en los puños y el cuello sugiere atención al detalle y refinamiento personal.
Más allá de la representación literal, se intuye una declaración sobre la identidad femenina dentro de un contexto social específico. La retratada no es presentada como objeto de deseo o admiración, sino como una mujer de carácter, dueña de su posición y consciente de su importancia en el ámbito familiar y social. El retrato funciona, por tanto, como un documento visual que testimonia no solo la apariencia física de la modelo, sino también su lugar dentro de una jerarquía social y cultural bien definida. La atmósfera general es de quietud y contemplación, invitando al espectador a reflexionar sobre la complejidad de la experiencia femenina en el siglo XVII.