Rijksmuseum: part 2 – Peschier, N.L. -- Vanitas stilleven, 1660
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En esta composición, el autor ha dispuesto una serie de objetos sobre un manto oscuro que sirve como fondo neutro y acentúa la iluminación focalizada. La disposición es densa, casi claustrofóbica, con elementos superpuestos que sugieren una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la vanidad de los placeres terrenales.
Al primer vistazo, se observa un cráneo humano, situado en el centro visual de la escena, que actúa como eje central de la composición y símbolo inequívoco de la muerte. Su presencia imponente domina los demás objetos, eclipsando su valor intrínseco y recordándonos la inevitabilidad del final.
Junto al cráneo, un libro abierto con partitura musical se encuentra parcialmente cubierto por un violín. La música, tradicionalmente asociada a la belleza, el arte y el deleite, es silenciada, interrumpida por la presencia de la muerte. El instrumento musical, en sí mismo, sugiere una vida dedicada al arte, pero su posición bajo el cráneo implica que incluso esa vocación está destinada a desaparecer.
En un segundo plano, se distinguen documentos enrollados y cartas, posiblemente representando comunicaciones o registros de una vida pasada. Su apariencia desordenada y la forma en que están apiladas sugieren el olvido y la pérdida de importancia con el paso del tiempo. Un reloj de arena, situado a la derecha, refuerza esta idea de transitoriedad, marcando implacablemente el avance hacia el final.
La presencia de unas gafas de lectura, colocadas sobre un pequeño cofre, aluden a la inteligencia, el conocimiento y la capacidad de análisis. Sin embargo, su posición sugiere que incluso la razón y la erudición son inútiles ante la muerte. El cofre en sí mismo podría simbolizar los tesoros materiales o las posesiones terrenales, ahora vacíos y sin significado frente a la realidad final.
La iluminación es crucial para el efecto general de la obra. La luz se concentra sobre el cráneo y el libro abierto, atrayendo la atención del espectador hacia estos elementos clave. El resto de los objetos quedan sumidos en una penumbra que acentúa su carácter efímero y su insignificancia frente a la muerte.
En conjunto, esta pintura es un memento mori, una meditación sobre la mortalidad humana y la vanidad de las ambiciones terrenales. El autor ha logrado crear una atmósfera melancólica y reflexiva, invitando al espectador a contemplar la fragilidad de la vida y la inevitabilidad del destino final. La acumulación de objetos aparentemente valiosos, ahora despojados de su significado por la presencia del cráneo, transmite un mensaje claro: todo es transitorio y nada escapa a la muerte.