Rijksmuseum: part 2 – Helst, Lodewijk van der -- Adriana Jacobusdr Hinlopen (geb 1646). Echtgenote van Johannes Wijbrants, 1667
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La joven luce un elaborado atuendo. Un cuello alto de encaje intrincado se abre para revelar una blusa de color rosa pálido, adornada con una gran joya negra que sirve como punto focal visual. El contraste entre el negro del corpiño y la delicadeza del encaje y el tono rosado es notable, sugiriendo un equilibrio entre formalidad y feminidad. El cabello, peinado en rizos sueltos y recogido parcialmente, está decorado con flores y adornos que refuerzan la idea de juventud y belleza. Se percibe una sutil luz que ilumina el rostro, resaltando sus facciones delicadas y los ojos ligeramente lánguidos.
La expresión de la retratada es reservada, casi melancólica. No se trata de una sonrisa abierta o exuberante; más bien, hay una quietud en su mirada que invita a la reflexión. Esta reserva podría interpretarse como un signo de modestia, virtud muy valorada en la época, o quizás reflejar una introspección personal.
El uso del claroscuro es sutil pero efectivo. La luz no es dramática, sino más bien suave y difusa, lo que contribuye a crear una atmósfera de intimidad y dignidad. La pincelada es precisa y detallista, especialmente en la representación de los tejidos y las joyas, evidenciando el dominio técnico del artista.
En cuanto a subtextos, se puede inferir que este retrato fue encargado para conmemorar un evento importante en la vida de la joven, probablemente su matrimonio. La riqueza de la vestimenta y la calidad de la ejecución sugieren una posición social acomodada. La pose formal y la mirada directa implican una declaración de identidad y estatus. Más allá de lo evidente, el retrato transmite una sensación de fragilidad y temporalidad, un recordatorio de la fugacidad de la belleza y la juventud que era común en la iconografía del siglo XVII. La quietud de su expresión podría sugerir una conciencia de las responsabilidades y expectativas que le aguardan como mujer casada en esa sociedad.