Rijksmuseum: part 2 – Nieulandt, Jacob van -- Visverkopers, 1617
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Aquí se observa una escena de mercado, aparentemente en un entorno urbano costero. La composición se centra en la interacción entre un vendedor y una compradora, con un hombre mayor observando la transacción. El espacio está dominado por una abundante exhibición de pescado fresco y mariscos, dispuestos sobre una mesa tosca.
El vendedor, joven y vestido con ropas sencillas pero limpias, ofrece un salmón a la mujer que se encuentra frente a él. Su gesto es deliberado, casi teatral, sugiriendo una presentación cuidadosa del producto. La compradora, ataviada con un atuendo oscuro y sobrio, examina el pescado con atención, su rostro parcialmente oculto por el cuello alto de su prenda. La iluminación incide sobre sus manos, enfatizando la transacción en curso.
A la derecha, un hombre anciano, con una barba blanca prominente y un chaleco naranja que contrasta con su vestimenta oscura, observa la escena con una expresión difícil de interpretar: podría ser contemplación, satisfacción o incluso una leve crítica. Su presencia aporta una sensación de experiencia y sabiduría a la composición.
La mesa sobre la que se exhibe el pescado está rodeada por barriles de madera, algunos rebosantes de peces más pequeños. La abundancia de productos sugiere prosperidad y un mercado activo. En el fondo, se vislumbra una ciudad fortificada con torres imponentes, lo que sitúa la escena en un contexto urbano específico.
Más allá de la representación literal del acto de compraventa, la pintura parece explorar temas relacionados con la provisión de alimentos, el comercio y las jerarquías sociales. La meticulosa descripción de los productos alimenticios, característica del género bodegón, podría interpretarse como una celebración de la abundancia material o, alternativamente, como un comentario sobre la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la decadencia (un memento mori implícito). La presencia del anciano sugiere una reflexión sobre el paso del tiempo y la transmisión de conocimientos. La composición, con su juego de luces y sombras, contribuye a crear una atmósfera de realismo y solemnidad.