Cuylenburg, Cornelis van (II) – Allegorie op de triomftocht van de prins van Oranje, de latere koning Willem II, als held van Waterloo, 1815, 1815 Rijksmuseum: part 2
Rijksmuseum: part 2 – Cuylenburg, Cornelis van (II) -- Allegorie op de triomftocht van de prins van Oranje, de latere koning Willem II, als held van Waterloo, 1815, 1815
La composición se articula en torno a una figura central montada sobre un carro tirado por caballos blancos, que domina la escena con su presencia imponente. El personaje, vestido con ropajes ceremoniales y portando un cetro, irradia autoridad y triunfo. A su alrededor, una multitud de figuras humanas y alegóricas se agolpan en un gesto de reverencia y celebración. La arquitectura del fondo es notable: se observan columnas corintias y arcos triunfales que evocan la grandeza del mundo clásico romano, reforzando así el carácter heroico del evento representado. Una profusión de ángeles, situados en lo alto, tocan trompetas y sostienen un escudo con emblemas heráldicos, añadiendo una dimensión celestial a la escena. La luz que ilumina al personaje principal es intensa, creando un contraste dramático con las zonas más oscuras del fondo, acentuando su importancia. En el primer plano, se aprecia una variedad de personajes: soldados romanos en armadura, figuras femeninas vestidas con túnicas, y ciudadanos comunes que participan en la celebración. Una mujer, situada a la derecha, ofrece una ofrenda sobre un pedestal decorado con flores, gesto que simboliza la prosperidad y el agradecimiento hacia el líder triunfante. La presencia de un estandarte tricolor, discretamente ubicado, sugiere una conexión con los ideales republicanos o liberales. Más allá de la representación literal de una procesión victoriosa, la pintura parece aludir a la legitimación del poder a través de la asociación con figuras históricas y mitológicas. El uso de elementos clásicos no es casual; busca establecer un paralelismo entre el líder contemporáneo y los grandes emperadores romanos, otorgándole así una aura de divinidad y permanencia. La multitud que lo aclama, en su fervor colectivo, refuerza esta idea de legitimidad popular. La composición, aunque grandiosa y celebratoria, también puede interpretarse como una declaración política. El triunfo se presenta no solo como un logro militar, sino como la restauración del orden y la prosperidad tras un período de conflicto. La idealización de la figura central sugiere una visión paternalista del liderazgo, donde el gobernante es presentado como un salvador que guía a su pueblo hacia la estabilidad y la gloria. La meticulosa atención al detalle en las vestimentas, los adornos y la arquitectura contribuye a crear una atmósfera de opulencia y magnificencia, destinada a impresionar y exaltar tanto a los participantes como a los espectadores.
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Cuylenburg, Cornelis van (II) -- Allegorie op de triomftocht van de prins van Oranje, de latere koning Willem II, als held van Waterloo, 1815, 1815 — Rijksmuseum: part 2
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La arquitectura del fondo es notable: se observan columnas corintias y arcos triunfales que evocan la grandeza del mundo clásico romano, reforzando así el carácter heroico del evento representado. Una profusión de ángeles, situados en lo alto, tocan trompetas y sostienen un escudo con emblemas heráldicos, añadiendo una dimensión celestial a la escena. La luz que ilumina al personaje principal es intensa, creando un contraste dramático con las zonas más oscuras del fondo, acentuando su importancia.
En el primer plano, se aprecia una variedad de personajes: soldados romanos en armadura, figuras femeninas vestidas con túnicas, y ciudadanos comunes que participan en la celebración. Una mujer, situada a la derecha, ofrece una ofrenda sobre un pedestal decorado con flores, gesto que simboliza la prosperidad y el agradecimiento hacia el líder triunfante. La presencia de un estandarte tricolor, discretamente ubicado, sugiere una conexión con los ideales republicanos o liberales.
Más allá de la representación literal de una procesión victoriosa, la pintura parece aludir a la legitimación del poder a través de la asociación con figuras históricas y mitológicas. El uso de elementos clásicos no es casual; busca establecer un paralelismo entre el líder contemporáneo y los grandes emperadores romanos, otorgándole así una aura de divinidad y permanencia. La multitud que lo aclama, en su fervor colectivo, refuerza esta idea de legitimidad popular.
La composición, aunque grandiosa y celebratoria, también puede interpretarse como una declaración política. El triunfo se presenta no solo como un logro militar, sino como la restauración del orden y la prosperidad tras un período de conflicto. La idealización de la figura central sugiere una visión paternalista del liderazgo, donde el gobernante es presentado como un salvador que guía a su pueblo hacia la estabilidad y la gloria. La meticulosa atención al detalle en las vestimentas, los adornos y la arquitectura contribuye a crear una atmósfera de opulencia y magnificencia, destinada a impresionar y exaltar tanto a los participantes como a los espectadores.