Rijksmuseum: part 2 – Apol, Louis -- Een januari-avond in het Haagse bos, 1875
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El autor ha dispuesto un puente de piedra sobre este curso fluvial, que actúa como punto focal y guía la mirada hacia el fondo del bosque. La vegetación es escasa y despojada; los árboles se alzan con ramas desnudas, delineadas contra un cielo crepuscular. Se percibe una atmósfera densa y silenciosa, acentuada por la ausencia de figuras humanas o animales visibles, salvo por unos pocos pájaros que surcan el aire.
La luz es difusa y tenue, proveniente aparentemente del oeste, donde se vislumbra un resplandor anaranjado que ilumina parcialmente las copas de los árboles más lejanos. Esta iluminación crea un contraste sutil con la penumbra que envuelve el resto del bosque, generando una sensación de profundidad y misterio.
Más allá de su valor descriptivo, la pintura parece sugerir una reflexión sobre la naturaleza transitoria y la melancolía inherente al invierno. La desnudez del paisaje, la quietud del arroyo congelado y la paleta cromática apagada evocan sentimientos de soledad y contemplación. El puente, como símbolo de conexión o paso, podría interpretarse como una metáfora de la vida misma, con sus momentos de transición y su inevitable acercamiento al final. La presencia de los pájaros, aunque fugaz, introduce un elemento de esperanza y movimiento en este escenario aparentemente estático. En definitiva, el autor ha logrado plasmar no solo una imagen del bosque nevado, sino también una atmósfera cargada de significado emocional y poético.