Francois-Hubert Drouais – Madame de Pompadour (1721-1764)
Ubicación: Conde Museum (Musée Condé), Chantilly.
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La paleta cromática se centra en tonos pastel: azules suaves para el vestido, rosados delicados para los adornos y un blanco inmaculado para el encaje que rodea su cuello y cabello. Esta elección contribuye a crear una atmósfera de refinamiento y elegancia propia del siglo XVIII. La luz incide sobre su rostro, resaltando la textura de la piel y enfatizando sus facciones: labios finamente delineados, ojos expresivos y un mentón firme que denota determinación.
El atuendo es característico de la época; el vestido, con su corte ajustado al torso y las mangas abullonadas, revela una atención meticulosa a los detalles de la moda cortesana. El encaje, profuso pero controlado, añade un toque de opulencia sin sobrecargar la imagen. Un gran lazo rosa, situado en el pecho, sirve como punto focal visual, atrayendo la mirada hacia el centro de la composición.
En primer plano, la mujer sostiene un objeto alargado y oscuro, posiblemente una caña o un bastón, que se extiende horizontalmente a través del cuadro. Este elemento introduce una nota de ambigüedad; podría interpretarse como un símbolo de poder, de estatus social, o incluso como una referencia a algún pasatiempo personal. La forma en que lo sostiene, con una mano delicada y la otra apoyada sobre él, sugiere control y compostura.
El fondo es oscuro y difuso, delimitado por cortinajes carmesí que acentúan la figura principal y contribuyen a crear una sensación de profundidad. Esta oscuridad contrasta con la luminosidad del rostro y el vestido, intensificando su impacto visual.
Más allá de la mera representación física, esta pintura sugiere una complejidad psicológica. La expresión enigmática de la retratada invita a la reflexión sobre su carácter y sus motivaciones. Se intuye una mujer inteligente, culta y consciente de su posición social, pero también vulnerable y quizás atormentada por alguna preocupación interna. El conjunto transmite una sensación de fragilidad contenida bajo una apariencia de fortaleza y dignidad. La obra, en definitiva, es un retrato psicológico tan importante como físico, que nos permite vislumbrar la personalidad de la mujer representada.