Part 3 – Master of Affligem - Joseph is sold by the Ishmaelites to Potiphar
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En primer plano, un hombre mayor, con barba blanca abundante y ataviado con ropas lujosas de tonos ocres y dorados, se dirige a un joven arrodillado. El gesto del hombre es expansivo, una especie de ofrecimiento o presentación, mientras que el joven muestra las palmas de sus manos en señal de súplica o resignación. La postura del joven sugiere vulnerabilidad y sumisión ante la figura masculina dominante.
A su lado, dos mujeres observan la escena con expresiones serenas, aunque ligeramente distantes. Sus vestimentas, igualmente elaboradas, sugieren un estatus social elevado. Una de ellas porta lo que parece ser una cofia o velo, indicando posiblemente modestia o pertenencia a una clase específica. La disposición de las figuras femeninas crea una barrera visual entre el hombre y el joven, acentuando la naturaleza transaccional del momento.
En el fondo, un grupo de hombres vestidos con ropas exóticas se aleja montados en camellos, dejando atrás la escena principal. Esta representación sugiere el contexto previo a la transacción: la venta o entrega del joven a Potiphar. La arquitectura que sirve de telón de fondo es notable; una combinación de estructuras góticas y edificios más modestos, lo que indica una sociedad estratificada. El paisaje se eleva en un terreno montañoso, creando profundidad y perspectiva.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de poder, destino y traición. La figura del hombre mayor encarna la autoridad y el control, mientras que el joven representa la inocencia y la vulnerabilidad. Las mujeres, aunque presentes, permanecen al margen, observadoras pasivas de los acontecimientos. El paisaje, con su mezcla de elementos naturales y construidos, simboliza la complejidad de la vida humana y las fuerzas que la moldean. La composición circular refuerza la idea de un ciclo inevitable, una cadena de eventos predeterminados. La paleta de colores, dominada por tonos cálidos como el dorado y el rojo, contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y dramatismo. El uso de la luz es sutil pero efectivo; ilumina las figuras principales, resaltando sus expresiones y gestos, mientras que deja el fondo en una penumbra más suave.