Rijksmuseum: part 1 – Bega, Cornelis Pietersz. -- Musicerende en dansende boeren., 1650-1664
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El autor ha dispuesto a un grupo heterogéneo de individuos: campesinos, al parecer, reunidos para celebrar con música y danza. Un hombre toca una cítara, su rostro iluminado por el esfuerzo del arte, mientras que otros participan activamente en la celebración, algunos bailando, otros observando con expresiones variadas – desde la alegría desinhibida hasta la curiosidad contenida. Una mujer, vestida con un atuendo distintivo y ubicada en el centro de la composición, parece ser una figura clave en este acontecimiento, quizás la anfitriona o alguien de especial importancia para el grupo.
La disposición de los personajes es dinámica; se agolpan unos contra otros, creando una sensación de movimiento y espontaneidad. La perspectiva es ligeramente elevada, lo que permite abarcar la totalidad del espacio y a todos sus ocupantes. Se percibe un cierto desorden en la organización general, con objetos dispersos por el suelo – cántaros, herramientas, madera – que contribuyen a la atmósfera de informalidad y autenticidad.
Más allá de la representación literal de una fiesta campesina, se intuye una reflexión sobre las costumbres populares y la vida rural. La escena podría interpretarse como un retrato de la comunidad, con sus virtudes y defectos: la alegría, el compañerismo, pero también quizás la falta de refinamiento o la ausencia de convenciones sociales más formales. El contraste entre la luz y la sombra no solo sirve para resaltar a los personajes, sino que también sugiere una dualidad inherente a la vida misma – la alegría y la tristeza, la luz y la oscuridad. La presencia de un pequeño objeto brillante en el suelo, posiblemente una moneda o un adorno, podría simbolizar la fugacidad del placer o la importancia de las pequeñas cosas en la vida cotidiana. En definitiva, la obra captura un momento efímero de celebración comunitaria, invitando a la reflexión sobre los valores y las tradiciones que definen a una sociedad.