Rijksmuseum: part 1 – Strij, Abraham van (I) -- Een kersenverkoopster aan de deur, 1816
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La perspectiva es cuidadosamente construida para dirigir la mirada del espectador hacia el exterior, donde se vislumbra una ciudad con edificios y un cielo despejado. Esta apertura visual contrasta con la intimidad del hogar, sugiriendo una conexión entre el mundo interior y el exterior, entre la esfera privada y la pública. La mujer que vende las cerezas parece ser una figura itinerante, una vendedora ambulante que se acerca a la puerta de esta casa para ofrecer sus productos. Su presencia introduce un elemento de interacción social y comercio en este espacio doméstico.
La joven sentada en el banco, ataviada con un vestido elegante, representa la clase acomodada a la que pertenece el hogar. La cercanía entre ella y la vendedora sugiere una relación de dependencia económica, pero también una cierta familiaridad o costumbre. El niño, sentado sobre su regazo, observa la escena con curiosidad, simbolizando quizás la transmisión de valores y costumbres sociales.
El perro, presente tanto en el interior como en el exterior del hogar, actúa como un puente entre los dos mundos representados. Su actitud juguetona y despreocupada contrasta con la formalidad de la situación, añadiendo una nota de vitalidad a la composición. La disposición de los objetos –la cesta de cerezas, el banco, las escaleras, el perchero– contribuye a crear una sensación de realismo y cotidianidad.
En cuanto a subtextos, se puede interpretar esta pintura como una reflexión sobre las relaciones sociales en la sociedad del siglo XIX, donde la interacción entre diferentes clases era un elemento constante de la vida cotidiana. La escena también podría sugerir una crítica sutil a la desigualdad económica, mostrando la dependencia de los más acomodados de aquellos que ofrecen sus servicios. La luz y el color contribuyen a crear una atmósfera de calma y prosperidad, pero al mismo tiempo, la presencia de la vendedora introduce un elemento de tensión o contraste social. La composición en su conjunto invita a la reflexión sobre las dinámicas del poder, la clase y la interacción humana en el contexto de una sociedad en transición.