Rijksmuseum: part 1 – Bredael, Joseph van -- Dorp aan de oever van een rivier., 1723
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El autor ha dispuesto un cortejo de personajes montados sobre caballos y acompañados por un carro tirado por bueyes, lo cual indica la importancia del transporte terrestre en esta comunidad. La presencia de personas a pie, algunas observando con curiosidad, otras interactuando entre sí, contribuye a una sensación de vitalidad social. Un grupo de niños dispersos añade un toque de espontaneidad y cotidianidad al conjunto.
El río o estuario que se extiende hacia el fondo del cuadro es el elemento vertebrador de la composición. Barcos de vela de diversos tamaños navegan sobre sus aguas, algunos cargados con mercancías, otros aparentemente dedicados a la pesca o al transporte de pasajeros. La multitud de embarcaciones sugiere un importante centro comercial y de comunicaciones. Se percibe una atmósfera de movimiento constante y prosperidad económica.
En el plano medio, se aprecia una vegetación exuberante que bordea la orilla del río, con árboles frondosos y matorrales densos. La luz tenue y difusa, característica de la pintura flamenca, crea una atmósfera serena y melancólica a pesar de la actividad visible. Un ave solitaria vuela en el cielo azulado, añadiendo un elemento de libertad y vastedad al paisaje.
Subtextualmente, la obra parece explorar la relación entre la comunidad humana y su entorno natural, así como las tensiones inherentes a una sociedad en proceso de modernización. La yuxtaposición del molino tradicional con los barcos mercantes sugiere una transición económica y social. La presencia de figuras de diferentes estatus sociales – desde campesinos hasta individuos mejor vestidos – podría aludir a la jerarquía social de la época. El río, como vía de comunicación y fuente de recursos, simboliza la conexión entre la comunidad y el mundo exterior. La escena evoca una sensación de estabilidad y prosperidad, pero también insinúa los cambios inevitables que acompañan al progreso.