Rijksmuseum: part 1 – Maris, Willem -- Koeien in een drassig weiland, 1860 - 1900
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La composición está estructurada por líneas horizontales: el horizonte difuso, la línea de agua y la extensión del prado. Esta horizontalidad transmite una sensación de quietud y monotonía, propia de los paisajes rurales holandeses. La vegetación ribereña, densa y con matices verdosos, enmarca la escena a ambos lados, creando un efecto de perspectiva que dirige la mirada hacia el centro del cuadro.
La luz es suave y difusa, característica de una atmósfera brumosa o nublada. No hay sombras marcadas, lo que contribuye a la sensación general de calma y melancolía. El cielo, con pinceladas rápidas y grises, sugiere un día sin sol, pero tampoco tormentoso.
El uso del color es deliberado: los tonos terrosos y verdosos predominan, acentuados por el contraste de las manchas oscuras en el pelaje del ganado. La técnica pictórica parece ser rápida e impresionista, con pinceladas sueltas que sugieren más que definen los detalles.
Subtextualmente, la obra evoca una reflexión sobre la vida rural y la conexión entre el hombre y la naturaleza. El paisaje pantanoso, aunque fértil, también sugiere un cierto abandono o decadencia. La presencia del ganado, elemento esencial de la economía agrícola, se integra en este entorno natural con aparente indiferencia. La imagen podría interpretarse como una representación de la laboriosidad silenciosa y la resistencia ante las inclemencias del tiempo que caracterizan a la vida campesina. El reflejo en el agua añade una capa de ambigüedad, sugiriendo una dualidad entre lo real y lo ilusorio, lo tangible y lo efímero.