Rijksmuseum: part 1 – Snijders, Frans -- Stilleven met groot dood wild, vruchten en bloemen, 1600-1657
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En primer plano, la presencia imponente de dos piezas de caza es el foco central: un ciervo y un jabalí, ambos dispuestos de manera que resaltan su anatomía y textura. El ciervo, con una pose dramática y sus patas extendidas, parece casi suspendido en el aire, mientras que el jabalí se presenta con una postura más recostada, mostrando la riqueza de su pelaje. La meticulosa representación de los detalles, como las vetas musculares y la calidad del pelo, denota un dominio técnico considerable por parte del artista.
A la izquierda, una cesta rebosa de frutas maduras: uvas, melocotones, ciruelas y otras variedades que contribuyen a la sensación de generosidad. La disposición aparentemente desordenada de las frutas sugiere frescura y abundancia recién recolectadas. Un ramo de flores, con colores vibrantes, se eleva desde la cesta, añadiendo un toque de vitalidad y color a la composición.
En el fondo, una repisa oscura alberga objetos metálicos: jarrones, copas y otros recipientes que reflejan la luz de manera sutil. Esta zona más oscura contrasta con la luminosidad del primer plano, creando profundidad y atrayendo la mirada hacia los elementos principales. Un cangrejo rojo, situado a la derecha, introduce un elemento marino en esta escena terrestre, añadiendo una nota de exotismo y variedad.
La pintura transmite una sensación de prosperidad y ostentación. La abundancia de alimentos y objetos valiosos sugiere un contexto social elevado, posiblemente asociado con banquetes o celebraciones cortesanas. El ciervo, como símbolo de nobleza y caza mayor, podría aludir a la posición social del comitente o del artista mismo. La presencia de la muerte, representada por las piezas de caza, introduce una reflexión sobre la fugacidad de los placeres terrenales y el paso del tiempo – un tema recurrente en la iconografía de la naturaleza muerta del siglo XVII. La combinación de elementos perecederos (la carne, la fruta) con objetos duraderos (los recipientes metálicos) podría interpretarse como una meditación sobre la vanidad de las cosas mundanas. En definitiva, se trata de una obra que celebra la riqueza material al tiempo que insinúa una reflexión más profunda sobre la condición humana y el destino.