Rijksmuseum: part 1 – Goyen, Jan van -- Gezicht op een dorp aan een rivier, 1645
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En primer plano, un pequeño poblado se adhiere a la orilla del río. Las construcciones son modestas, con techos bajos y materiales pobres, lo que sugiere una comunidad rural y humilde. Se distinguen varias edificaciones: viviendas de aspecto sencillo, una estructura que podría ser una iglesia o campanario, y algunos edificios más grandes que posiblemente alberguen actividades comerciales o comunitarias. La presencia de figuras humanas en diferentes puntos del poblado – algunas descargando mercancías, otras conversando en la puerta de sus casas – aporta dinamismo a la escena y da testimonio de la vida cotidiana.
La vegetación juega un papel importante en la composición. Árboles frondosos se alzan sobre el pueblo, proporcionando sombra y creando una barrera natural entre la comunidad y el río. Sus ramas retorcidas y sus hojas densas sugieren la fuerza y la resistencia de la naturaleza. La luz tenue que filtra a través del follaje contribuye a la atmósfera sombría y contemplativa de la obra.
La perspectiva atmosférica es notable; los objetos más lejanos se desdibujan, perdiendo nitidez y color, lo cual acentúa la sensación de profundidad y distancia. El cielo, cubierto por nubes grises y pesadas, refuerza el tono melancólico del paisaje. No hay indicios de un sol brillante o de una atmósfera alegre; más bien, se transmite una impresión de quietud y reflexión.
Subtextualmente, esta pintura podría interpretarse como una representación idealizada de la vida rural holandesa en una época de prosperidad económica y expansión marítima. La humildad del pueblo contrasta con la vastedad del río y el horizonte abierto, sugiriendo una relación ambivalente entre el hombre y la naturaleza. El paisaje no es un lugar idílico o paradisíaco, sino más bien un espacio de trabajo, de comunidad y de conexión con lo elemental. La ausencia casi total de figuras individuales prominentes sugiere una valoración de la colectividad sobre el individualismo. En definitiva, se trata de una visión serena y contemplativa de un mundo en transición, donde la tradición rural coexiste con las ambiciones comerciales y marítimas.