Rijksmuseum: part 1 – Loth, Johann Carl -- Selene en Endymion, 1660-1680
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
A la izquierda, un anciano de barba larga y cabellera canosa se inclina sobre una vasija o recipiente de cerámica. Su rostro, marcado por las arrugas del tiempo, denota preocupación e inquietud. La vestimenta sencilla, un manto rojizo que cubre parcialmente su cuerpo, sugiere una condición humilde o quizás un estado de desamparo.
En el centro, y ocupando gran parte del espacio, se extiende la figura de un joven recostado sobre un lecho improvisado de tela roja. Su desnudez es deliberada, resaltando la belleza idealizada del cuerpo masculino en la tradición artística clásica. La postura relajada, casi vulnerable, contrasta con la intensidad de la mirada dirigida hacia arriba, como si estuviera absorto en una visión celestial.
Finalmente, sobre el joven se cierne la figura femenina, presumiblemente una divinidad. Su cabello dorado y trenzado enmarca un rostro sereno, aunque ligeramente inclinado, como observando la escena con cierta melancolía. La vestimenta azul, ligera y vaporosa, acentúa su etérea presencia. Sus manos se extienden hacia el joven, pero sin contacto físico directo, creando una atmósfera de anhelo y distancia.
La composición en sí misma sugiere un relato mitológico o alegórico. El anciano podría representar a un protector o guía, mientras que el joven simboliza la belleza efímera y la juventud perdida. La figura femenina, con su aura divina, evoca temas de amor prohibido, destino ineludible y la naturaleza cíclica del tiempo.
El uso magistral del claroscuro contribuye a intensificar la atmósfera misteriosa y emotiva de la obra. Las sombras profundas ocultan detalles y sugieren una realidad más allá de lo visible, mientras que los focos de luz resaltan las figuras principales y dirigen la mirada del espectador hacia el núcleo dramático de la escena. La paleta de colores, dominada por tonos terrosos y azules intensos, refuerza la sensación de solemnidad y trascendencia. En definitiva, se trata de una pintura que invita a la reflexión sobre temas universales como el amor, la muerte y la divinidad.