Rijksmuseum: part 1 – Quinkhard, Jan Maurits -- Portret van David Leeuw (1682-1755). Doopsgezind koopman in stoffen en manufacturen, 1729
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El cabello, peinado a lo entonces vigente con grandes rizos blancos que enmarcan el rostro, aporta volumen y sofisticación al conjunto. La atención del espectador es inmediatamente atraída por el objeto que el retratado sostiene delicadamente entre sus dedos: una pequeña caja rectangular de aspecto valioso, posiblemente un relicario o un contenedor para algún objeto personal significativo. La luz se concentra sobre esta pieza, otorgándole una importancia simbólica que trasciende su mera función material.
El fondo es oscuro y neutro, lo que contribuye a resaltar la figura principal y a dirigir la mirada hacia él. La composición es equilibrada y formal, típica del retrato de época. El hombre adopta una postura ligeramente girada, sugiriendo dinamismo sin romper con la rigidez impuesta por el género.
Más allá de la representación literal, se intuyen subtextos relacionados con la posición social y económica del retratado. La calidad de los tejidos, la meticulosa atención al detalle en su vestimenta y la presencia del objeto precioso sugieren una pertenencia a una clase acomodada y respetable. La expresión serena podría interpretarse como un reflejo de la confianza y el éxito obtenidos a través del trabajo y la perseverancia. La caja que sostiene, además, podría simbolizar valores personales o religiosos importantes para él, insinuando una vida guiada por principios sólidos. En definitiva, se trata de un retrato que busca transmitir no solo la apariencia física del retratado, sino también su carácter y estatus social.