Rijksmuseum: part 1 – Versteegh, Michiel -- De avondschool, 1786
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La lluvia torrencial, visible a través de los huecos del techo, constituye un elemento central en la narrativa visual. No solo crea una atmósfera de urgencia y refugio, sino que también simboliza quizás las dificultades o desafíos que enfrentan estos individuos al buscar el conocimiento. La persistencia de la precipitación contrasta con la fragilidad de la luz artificial, sugiriendo una lucha constante entre la ignorancia y la iluminación.
El autor ha distribuido a los personajes en diferentes planos y actitudes. En primer plano, un hombre joven se protege de la lluvia, sosteniendo una vela que ilumina su rostro con expresión preocupada o quizás asombrada. A su lado, una mujer observa con atención lo que ocurre en el centro del grupo. En este núcleo central, un anciano, presumiblemente el maestro, imparte una lección a los presentes. Su figura se destaca por la claridad de sus rasgos y la solemnidad de su gesto. Alrededor suyo, niños y adultos escuchan atentamente, algunos con expresiones de curiosidad, otros con semblantes más serios y concentrados.
La paleta cromática es dominada por tonos oscuros: marrones, grises y negros que acentúan el dramatismo de la escena. Los destellos de luz dorada provenientes de las velas resaltan ciertos detalles, como los rostros de los personajes y los objetos sobre la mesa – libros, pergaminos, una pluma -. La atención al detalle en la representación de las texturas, tanto en la ropa como en los elementos arquitectónicos, denota un cuidado minucioso por el realismo.
Subyacentemente, la pintura plantea interrogantes sobre la importancia del acceso a la educación, especialmente para aquellos que se encuentran en situaciones precarias o desfavorecidas. La imagen sugiere una comunidad unida por la necesidad de aprender y mejorar su condición social, a pesar de las adversidades. El gesto de refugio frente a la tormenta puede interpretarse como una metáfora de la búsqueda del conocimiento como un faro en medio de la oscuridad. La diversidad de edades y clases sociales presentes refuerza la idea de que el aprendizaje es un derecho universal y un motor de progreso social.