Rijksmuseum: part 1 – Francken, Frans (II) -- Allegorie op het Christuskind als het lam Gods, 1616
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La Virgen María, vestida con ropas opulentas y de colores intensos, ocupa un lugar prominente a la izquierda, sosteniendo a otro infante en sus brazos. Su expresión es serena y contemplativa, irradiando una atmósfera de devoción maternal. A su lado, José, también ataviado con dignidad, observa la escena con semblante solemne.
El grupo central está dominado por el niño divino, representado como un Cordero, símbolo recurrente en la iconografía cristiana que alude a su sacrificio redentor. Este Cordero se presenta no solo como una imagen de pureza e inocencia, sino también como un presagio del sufrimiento futuro. Un ángel, con gesto de bendición, flota sobre él, reforzando su naturaleza divina.
La multitud que rodea a la Virgen y al niño está compuesta por figuras diversas: hombres barbudos, mujeres con niños en brazos, y una figura ecclésiástica vestida con ropas ceremoniales que sugiere un alto rango dentro de la Iglesia. Sus rostros reflejan una mezcla de reverencia, alegría y asombro ante la presencia del Cordero divino.
En el primer plano, a los pies de la Virgen, se aprecia un pequeño cordero blanco descansando sobre una manta ricamente decorada. Junto a él, una mesa cubierta con un mantel bordado sostiene un libro abierto y otros objetos que podrían simbolizar la Sagrada Escritura o los sacramentos. Un querubín, sosteniendo un objeto que parece ser un cetro o una vara cruzada, se encuentra cerca de la mesa, añadiendo un elemento de gracia celestial a la escena.
La composición es rica en detalles y simbolismo. La abundancia de personajes sugiere una comunidad creyente reunida para honrar al Cordero divino. El uso del color es vibrante y contrastado, con tonos cálidos que resaltan las figuras principales y tonos más oscuros que crean profundidad y atmósfera.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la maternidad divina, el sacrificio redentor, la fe y la comunidad religiosa. La representación del Cordero divino no solo alude a su naturaleza inocente, sino también a su destino trágico, invitando a la reflexión sobre el misterio de la salvación cristiana. La presencia de la figura ecclésiástica sugiere una legitimación institucional de esta devoción, mientras que la multitud de fieles representa la universalidad del mensaje cristiano. La escena, en su conjunto, transmite un sentido de esperanza y redención, invitando al espectador a participar en el misterio divino.