Rijksmuseum: part 1 – Romeyn, Willem -- Kudde bij een rivier, 1650-1694
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En el frente, tres bueyes robustos se presentan al espectador, su pelaje oscuro contrastando con los tonos más claros del agua en la que vadean. La luz incide sobre sus lomos, revelando la textura de su piel y otorgándoles una presencia tangible. A su derecha, un grupo heterogéneo de animales – ovejas, cabras y terneros – se dispersa a lo largo de la orilla fluvial, moviéndose con aparente libertad. La composición es dinámica, sugiriendo movimiento y vitalidad en el conjunto del rebaño.
El paisaje que sirve de telón de fondo es abrupto y rocoso. Una pared vertical de piedra se eleva imponente, coronada por una estructura arquitectónica de difícil interpretación – posiblemente un edificio antiguo o una fortaleza. La presencia de este elemento construido introduce una nota de misterio e historia en la escena, contrastando con la naturaleza salvaje que lo rodea. El cielo, cubierto de nubes dispersas, aporta una atmósfera melancólica y serena a la composición.
La paleta cromática es contenida, dominada por tonos terrosos, grises y azules apagados. Esta elección contribuye a crear un ambiente sombrío y evocador, propio del paisaje holandés del siglo XVII. La pincelada es suelta y expresiva, especialmente en la representación de los animales y el cielo, lo que confiere a la obra una sensación de espontaneidad e intimidad.
Más allá de la mera descripción de un rebaño pastando junto a un río, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, la domesticación del animal y el paso del tiempo. La presencia de la estructura arquitectónica en el fondo podría interpretarse como una alusión a la fragilidad de las construcciones humanas frente a la fuerza implacable de la naturaleza. El cuadro evoca un sentimiento de quietud y contemplación, invitando al espectador a sumergirse en la atmósfera bucólica del paisaje y a reflexionar sobre los ciclos vitales que lo animan.