Rijksmuseum: part 1 – Troost, Willem (II) -- De voorzijde van het paleis te Buitenzorg na de aardbeving van 10 oktober 1834, 1834 - 1836
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El cielo, pintado con tonos pastel que sugieren un amanecer o atardecer, aporta una atmósfera melancólica y contemplativa a la escena. La luz tenue resalta las texturas de los escombros y el polvo, acentuando la sensación de desolación. La vegetación circundante – árboles frondosos y un extenso césped – contrasta con la devastación del palacio, sugiriendo una naturaleza que persiste a pesar de la catástrofe humana.
En primer plano, se distinguen figuras humanas dispersas: algunas parecen observar el daño, otras caminan por los alrededores. Su presencia introduce una escala humana al panorama y sugiere un contexto social y emocional más amplio. No son retratos individuales, sino más bien representaciones genéricas de personas afectadas por la tragedia. La disposición de estas figuras, a menudo en pequeños grupos o solas, refuerza el sentimiento de pérdida y desorientación.
El camino que conduce al palacio está visiblemente dañado, con escombros y vegetación invadiéndolo. Esto simboliza no solo la destrucción física del lugar, sino también la interrupción del orden social y la normalidad. La presencia de un edificio secundario en el extremo derecho, aparentemente menos afectado, podría interpretarse como una sutil alusión a la esperanza o a la posibilidad de reconstrucción.
Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre la fragilidad de las construcciones humanas frente a los poderes naturales y la capacidad del espíritu humano para afrontar la adversidad. La representación no es simplemente un registro documental del daño material, sino una reflexión sobre el impacto psicológico y social de un evento traumático. La meticulosidad en la descripción de los detalles arquitectónicos, incluso en su estado ruinoso, sugiere una valoración por lo que se ha perdido y una posible aspiración a recuperar o reconstruir aquello que fue destruido.