Rijksmuseum: part 1 – Rembrandt Harmensz. van Rijn -- De heilige familie bij avond, 1642 - 1648
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En primer plano, un cesto o canasta sirve como lecho para un bebé, cuya figura permanece parcialmente oculta por la penumbra. A su alrededor se agrupan dos hombres y una mujer mayor, quienes parecen estar absortos en una actividad contemplativa. El hombre de la izquierda, vestido con ropas modestas, inclina ligeramente el cuerpo hacia adelante, como si estuviera escuchando o leyendo algo que le es comunicado por la figura anciana a su derecha. Esta última, con un rostro marcado por las arrugas y una expresión serena, sostiene lo que parece ser un libro o documento abierto, dirigiendo su atención hacia los demás presentes.
La mujer, sentada junto al hombre, muestra una postura de recogimiento y respeto, observando la escena con detenimiento. La luz ilumina sus facciones, revelando una mirada cargada de afecto y quizás también de melancolía.
El espacio arquitectónico que rodea a los personajes está definido por paredes de madera toscamente construidas y una escalera que asciende hacia un nivel superior, parcialmente visible en la penumbra. Una ventana, situada en el fondo, permite vislumbrar un exterior oscuro e indefinido, acentuando la sensación de aislamiento y recogimiento del interior.
La maestría del artista reside en su manejo de la luz y la sombra, creando una atmósfera íntima y misteriosa que invita a la reflexión. La ausencia de detalles superfluos y la simplicidad de los elementos presentes sugieren una escena de profunda significación espiritual o moral. Se intuye un momento de transmisión de conocimiento, de legado familiar o de contemplación religiosa, donde el silencio y la quietud son tan importantes como las palabras.
La composición, con su enfoque en lo esencial y su atmósfera cargada de simbolismo, sugiere una reflexión sobre los valores fundamentales del hogar, la familia y la fe. La humildad del entorno contrasta con la dignidad de los personajes, enfatizando la importancia de la virtud interior por encima de la riqueza material. El uso magistral de la luz no solo ilumina las figuras, sino que también crea un ambiente de intimidad y misterio, invitando al espectador a participar en este momento de profunda conexión humana.