Rijksmuseum: part 1 – Berchem, Nicolaes Pietersz. -- De drie kudden, 1656
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En primer plano, un grupo heterogéneo de animales pastorea en un valle abierto. Se distinguen tres rebaños diferenciados: uno de ovejas blancas, otro de ganado marrón y un tercero con bueyes grises. Un pastor, ataviado con ropas oscuras y un sombrero que le cubre la cabeza, guía al último grupo, avanzando hacia el espectador. A su lado, un perro se mantiene atento, cumpliendo su función de vigilancia.
La disposición de los rebaños no parece aleatoria; sugieren una cierta organización o gestión del pastoreo, aunque sin una estructura rígida. La presencia simultánea de estos diferentes grupos animales podría interpretarse como una representación de la diversidad y la armonía en la naturaleza, o quizás alude a las complejidades de la vida rural y la coexistencia entre distintos modos de subsistencia.
La montaña que se eleva en el fondo no solo proporciona un telón de fondo imponente, sino que también establece una jerarquía visual, enfatizando la escala del paisaje y la pequeñez del hombre frente a la naturaleza. La atmósfera brumosa que rodea la cima de la montaña contribuye a su aura de misterio e inmensidad.
El autor ha prestado especial atención al detalle en la representación de los animales, capturando sus características individuales y transmitiendo una sensación de vitalidad y movimiento. El uso sutil del claroscuro acentúa el volumen de las figuras y crea una profundidad espacial convincente.
En términos subtextuales, la pintura podría interpretarse como una alegoría sobre la vida rural holandesa del siglo XVII, un período marcado por la prosperidad económica y la estabilidad social. La escena evoca una sensación de paz y tranquilidad, pero también insinúa las dificultades inherentes a la existencia en armonía con la naturaleza: el trabajo arduo, la dependencia de los ciclos naturales y la constante amenaza de los elementos. El pastor, como figura central, encarna tanto la responsabilidad como la soledad del oficio, un mediador entre el hombre y el mundo natural.