Rijksmuseum: part 1 – Dujardin, Karel -- Landschap met twee ezels, geitjes en varkens, 1655
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En primer plano, un grupo heterogéneo de ganado ocupa gran parte del espacio: vacas oscuras pastan tranquilamente junto a unos asnos de pelaje grisáceo, mientras que cabras y cerdos se relajan sobre la hierba. La disposición no parece casual; los animales están distribuidos de manera que guían la mirada hacia el fondo, creando una sensación de profundidad. La luz incide sobre ellos con suavidad, resaltando sus volúmenes y texturas.
El paisaje se extiende detrás del ganado, mostrando un terreno ondulado salpicado de árboles frondosos. La vegetación es densa en la parte derecha, sugiriendo un bosque o una zona boscosa que limita el espacio visible. En la lejanía, se vislumbra una línea de horizonte con algunas construcciones dispersas, indicando la presencia de asentamientos humanos, aunque estos quedan relegados a un segundo plano, casi como si fueran parte del paisaje natural más que elementos dominantes.
El cielo ocupa una porción considerable de la composición y está representado con nubes algodonosas que sugieren un día soleado pero no excesivamente caluroso. La atmósfera es clara y luminosa, contribuyendo a la sensación general de tranquilidad y armonía.
En el extremo derecho del cuadro, se aprecia la figura de un hombre vestido con ropas tradicionales, posiblemente un pastor o cuidador del ganado. Su presencia introduce una nota humana en la escena, aunque su rol parece más observador que activo; no interactúa directamente con los animales ni con el entorno. La pequeña estructura arquitectónica a su lado podría ser un cobertizo o refugio.
Subtextualmente, esta pintura evoca una idealización de la vida rural y la conexión del hombre con la naturaleza. La abundancia de animales sugiere prosperidad y fertilidad. El paisaje, cuidado y ordenado, refleja una visión optimista de la existencia en el campo. La ausencia de figuras humanas activas podría interpretarse como una invitación a la contemplación silenciosa de la belleza natural, o quizás como una reflexión sobre la laboriosidad y la humildad del campesinado. La composición general transmite un sentimiento de paz y estabilidad, valores muy apreciados en la sociedad holandesa del siglo XVII.