De Cornelis Heem – Still Life with Flowers and Fruit
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Aquí se presenta una composición de naturaleza muerta que concentra la atención en un despliegue exuberante de flores y frutas sobre una superficie horizontal oscura. La disposición es asimétrica, con una profusión de elementos que parecen desbordarse del espacio delimitado por el borde superior de la mesa o repisa donde descansan.
El fondo se sume en una penumbra profunda, casi absoluta, lo cual acentúa el contraste y dirige la mirada hacia los objetos iluminados. La luz, proveniente de un punto no visible, modela las formas con gran realismo, revelando texturas sutiles: la piel aterciopelada de los melocotones, la superficie brillante de las uvas, la delicadeza de los pétalos florales.
Se observan diversas frutas: melocotones maduros, racimos de uva verde y morada, higos con su pulpa expuesta, y algunas bayas oscuras que se dispersan entre la vegetación. La variedad floral es igualmente rica; destacan unas rosas carmesí, flores blancas de forma compleja, girasoles con sus pétalos radiantes y una miríada de pequeñas flores silvestres que entrelazan los tallos y hojas.
El autor ha prestado especial atención a la representación del deterioro. Algunos pétalos caídos, un melocotón ligeramente magullado, sugieren la transitoriedad de la belleza y la inevitabilidad del paso del tiempo. Esta alusión a vanitas, una temática recurrente en el arte de la época, invita a la reflexión sobre la fugacidad de los placeres terrenales y la importancia de la vida espiritual.
La composición no es meramente descriptiva; se intuye un simbolismo más profundo. Las flores, símbolos tradicionales de belleza y fragilidad, contrastan con la opulencia de las frutas, que representan abundancia y sensualidad. La combinación de ambos elementos crea una tensión entre lo efímero y lo material, lo bello y lo decadente. La disposición aparentemente caótica de los objetos sugiere una cierta libertad creativa, pero también puede interpretarse como una metáfora de la naturaleza misma: un equilibrio precario entre el orden y el desorden, la vida y la muerte. La oscuridad del fondo refuerza esta sensación de misterio e invita a una contemplación más profunda del significado subyacente de la escena.