Francisco Jose De Goya y Lucientes – Manuel Osorio de Zuniga, ca 1788, Detalj, 127x101 cm, M
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El primer gato, situado a la izquierda, presenta una marcada máscara facial de color blanco sobre un pelaje negro, sus ojos grandes y expresivos capturan al espectador con una intensidad casi inquietante. A su lado, otro felino, de pelaje atigrado, comparte esa misma mirada fija, aunque su expresión parece ligeramente más contenida. La disposición de los gatos sugiere una relación de proximidad, quizás incluso de complicidad.
En primer plano, el cuervo se erige sobre sus patas, con el pico abierto en un gesto que podría interpretarse como un graznido o una advertencia. Su plumaje blanco y negro aporta un dinamismo visual a la composición, contrastando con la quietud observada en los felinos. La presencia del cuervo, tradicionalmente asociado con presagios y augurios, introduce una dimensión simbólica que invita a la reflexión.
El zapato infantil, situado en el extremo derecho de la imagen, se presenta como un objeto aislado, descontextualizado. Su pequeño tamaño y su delicada ornamentación sugieren inocencia y fragilidad. La presencia del zapato junto al cuervo podría evocar una sensación de pérdida o de amenaza latente para esa inocencia.
La composición en sí misma parece deliberadamente fragmentaria, como si se tratara de un detalle extraído de una escena más amplia. Esta fragmentación contribuye a crear una atmósfera de misterio y ambigüedad. La ausencia de contexto narrativo claro permite múltiples interpretaciones: ¿es una representación de la infancia interrumpida? ¿Una alegoría sobre la fragilidad de la vida? ¿O simplemente una exploración de las relaciones entre diferentes especies animales y objetos inanimados?
La técnica pictórica, con su atención al detalle en la representación de las texturas (el pelaje de los gatos, el plumaje del cuervo, la superficie del zapato) y la sutil gradación de luces y sombras, sugiere un dominio considerable por parte del artista. La obra, a pesar de su aparente sencillez, encierra una complejidad simbólica que invita a una lectura atenta y reflexiva. El contraste entre lo doméstico (los gatos y el zapato) y lo salvaje (el cuervo) genera una tensión palpable que mantiene al espectador en un estado de expectación.