Francisco Jose De Goya y Lucientes – The Count of Tajo
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El hombre viste un elegante traje oscuro de doble botonadura, cuyo corte sugiere el estilo predominante en la segunda mitad del siglo XVIII. El cuello alto, adornado con una solapa blanca inmaculada y una pequeña decoración floral, contrasta sutilmente con la tonalidad oscura del abrigo. Se aprecia un detalle minucioso en la representación de los tejidos, evidenciando la maestría técnica del autor.
La iluminación es suave y uniforme, distribuyéndose sobre el rostro y el torso del retratado sin generar contrastes dramáticos. Esto contribuye a una atmósfera de dignidad y formalidad. La piel muestra signos de envejecimiento, con finas líneas de expresión alrededor de los ojos y la boca, que sugieren una vida llena de experiencias. El cabello, peinado en un estilo pompadour característico de la época, presenta canas incipientes, acentuando su edad.
La mirada del retratado es penetrante, pero no agresiva; transmite una sensación de introspección y quizás, cierta resignación. El fondo es oscuro e indefinido, lo que concentra toda la atención en la figura principal. Esta ausencia de contexto ambiental podría interpretarse como un deseo de universalizar al personaje, trascendiendo su individualidad para representar a un arquetipo de nobleza o poder.
Subtextualmente, el retrato sugiere una reflexión sobre el paso del tiempo y la inevitabilidad del envejecimiento. La elegancia del atuendo y la postura erguida denotan estatus social y autoridad, pero las líneas de expresión en el rostro y la mirada melancólica insinúan una carga emocional o un peso que acompaña a la posición privilegiada. La composición, aunque formal, no carece de humanidad; se intuye una complejidad interna en el personaje, más allá de su apariencia externa. La ausencia de cualquier elemento anecdótico refuerza la idea de un retrato centrado en la psicología y la personalidad del retratado, invitando a la contemplación y a la interpretación individual.