Francisco Jose De Goya y Lucientes – Time of the Old Women
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La figura vestida de blanco exhibe una expresión de concentración superficial, ajena a lo que se le comunica. Su atuendo, con detalles delicados y un aire de refinamiento, sugiere una pertenencia a la clase alta o privilegiada. El contraste entre su apariencia juvenil y el contexto sombrío es deliberado.
La segunda mujer, envuelta en sombras, presenta un rostro esquelético que revela su verdadera naturaleza: la muerte personificada. En sus manos sostiene un pergamino con la inscripción Quien fala (quien habla), una alusión irónica a la futilidad de las conversaciones triviales frente a la inminencia del final. Su presencia se cierne sobre las mujeres, interrumpiendo su cotidianidad con una advertencia silenciosa pero contundente.
Detrás de ambas figuras, emerge una tercera silueta, también perteneciente al reino de los muertos. Esta figura, portando un objeto que podría interpretarse como una hoz o una herramienta similar, se proyecta hacia adelante, reforzando la sensación de amenaza y fatalidad. La posición del cuerpo sugiere movimiento, una persecución implacable.
La paleta de colores es dominada por tonos oscuros y terrosos, con toques de blanco que resaltan la figura femenina vestida elegantemente. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la escena y dirige la atención hacia los rostros de las figuras principales.
Subyacentemente, la obra parece ofrecer una crítica mordaz a la vanidad humana y la superficialidad de la vida cortesana. Se plantea una reflexión sobre la transitoriedad de la belleza y la riqueza, contrastando con la omnipresencia de la muerte que acecha tras la apariencia engañosa de la prosperidad. La pintura invita a considerar la fragilidad de la existencia y la importancia de confrontar la realidad más allá de las distracciones mundanas. La escena es una alegoría sobre el paso del tiempo y la inevitabilidad del destino, presentada con un tono sombrío y profundamente reflexivo.