El Greco – The Penitent Magdalene
Ubicación: Nelson-Atkins Museum of Art, Kansas City.
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Aquí se observa una composición de marcado dramatismo y realismo. La figura central, una mujer joven, ocupa la mayor parte del espacio pictórico. Su rostro, iluminado por una fuente de luz indeterminada que proviene del alto a la izquierda, revela una expresión de profunda angustia y arrepentimiento. Los ojos están dirigidos hacia arriba, en un gesto que sugiere súplica o contemplación dolorosa. La boca está ligeramente entreabierta, como si contuviera un sollozo reprimido.
La mujer está ataviada con ropas sencillas pero cuidadosamente representadas: una blusa de mangas fruncidas y un manto oscuro que envuelve su cuerpo. El tratamiento del tejido es notable por su naturalismo; se perciben las texturas, los pliegues y la caída de la tela con gran detalle. La paleta cromática es limitada, dominada por tonos terrosos, ocres y grises, acentuados por el contraste entre la claridad del rostro y la oscuridad del fondo.
A la derecha de la figura, se aprecia una roca cubierta de hiedra, sobre la cual descansa un cráneo y un cáliz. Estos elementos introducen una carga simbólica significativa. El cráneo es un memento mori, un recordatorio de la mortalidad y la fugacidad de la vida terrenal, mientras que el cáliz podría aludir a la Eucaristía o a la redención a través del sacrificio. La hiedra, por su parte, puede simbolizar tanto la eternidad como el apego a lo mundano.
El fondo es oscuro y turbulento, con nubes amenazantes que sugieren una atmósfera de tormento interior. La luz, aunque intensa en el rostro de la mujer, no ilumina completamente la escena, creando un ambiente opresivo y melancólico.
En general, la pintura transmite una profunda sensación de arrepentimiento y penitencia. La figura femenina encarna la fragilidad humana y la búsqueda de redención a través del sufrimiento. La composición, el uso de la luz y la simbología contribuyen a crear un ambiente emocionalmente intenso que invita a la reflexión sobre temas como el pecado, la culpa y la esperanza. Se intuye una historia previa, una caída desde la gracia, que motiva la expresión de dolor y arrepentimiento que vemos plasmada en el rostro de la mujer.