Cornelis Engebrechtsz. – The Crucifixion
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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En la parte inferior izquierda, un grupo de figuras femeninas se agolpa en señal de dolor y desconsuelo. Una mujer, presumiblemente una madre, se encuentra arrodillada, con el rostro marcado por la angustia, mientras otra figura, vestida con un manto azul oscuro, le ofrece consuelo a través del contacto manual. La paleta cromática utilizada para este grupo es sombría, acentuando la atmósfera de lamento y desesperación.
A los lados de la cruz central, dos figuras adicionales comparten el mismo destino, aunque su representación carece de la misma prominencia que la del personaje principal. En el plano superior, se aprecia una ciudadela distante, delineada con cierta precisión arquitectónica, lo cual sugiere un contexto geográfico específico para la narración.
La multitud que observa la escena es variada en sus expresiones y vestimentas. Algunos parecen mostrar compasión, mientras que otros exhiben indiferencia o incluso curiosidad morbosa. Esta diversidad de reacciones contribuye a la complejidad narrativa de la obra, sugiriendo una reflexión sobre la naturaleza humana ante el sufrimiento.
El paisaje de fondo, con su vegetación exuberante y sus tonalidades verdes y azules, contrasta fuertemente con la oscuridad del primer plano, creando un efecto visual que intensifica la tragedia representada. La luz, aunque tenue, ilumina principalmente al personaje crucificado, enfatizando su figura como el punto focal de la composición.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas universales como el sacrificio, el sufrimiento, la compasión y la pérdida. La representación detallada del dolor físico y emocional sugiere una invitación a la reflexión sobre la condición humana y la fragilidad de la existencia. La presencia de la multitud, con sus diversas reacciones, plantea interrogantes sobre la responsabilidad individual y colectiva ante el sufrimiento ajeno. El contraste entre el paisaje bucólico y la escena trágica podría interpretarse como una metáfora de la dualidad inherente a la vida: la belleza y la crueldad coexisten en un mismo plano.