David Klöcker Ehrenstråhl – Karl XI’s life horse Capricorn
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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El artista ha empleado una paleta de colores terrosos, con predominio de marrones, ocres y grises, que contribuyen a crear una atmósfera sombría y solemne. La luz incide sobre el animal desde un punto indefinido, resaltando la textura del pelaje y modelando su cuerpo. El fondo es difuso, insinuando un paisaje brumoso con elementos de vegetación y un cielo nublado que acentúa la sensación de aislamiento y monumentalidad.
La composición se centra en la representación realista del caballo, aunque no exenta de idealización. Se aprecia una búsqueda de fidelidad anatómica, pero también una intención de exaltar las cualidades físicas del animal: su vigor, su belleza y su potencial. La inclusión de un trozo de tronco o roca a los pies del semental sirve como base visual y refuerza la impresión de solidez y arraigo.
Más allá de la mera representación de un caballo, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre el poder, la nobleza y la conexión con la naturaleza. El animal, símbolo tradicional de fuerza y libertad, se presenta aquí como un ser imponente y reservado, quizás encarnando valores asociados a la realeza o a la élite social. La atmósfera melancólica del paisaje podría interpretarse como una alusión a la fugacidad del tiempo y a la inevitabilidad del destino. La ausencia de figuras humanas refuerza la idea de un retrato centrado en el individuo, en su singularidad y en su presencia imponente dentro del mundo natural. Se intuye una carga simbólica que trasciende lo puramente descriptivo, invitando al espectador a contemplar la imagen con detenimiento y a buscar significados más profundos.