Francesco Zaganelli – Saint Anthony of Padua preaches to fish
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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El plano general revela una ciudad fortificada asentada sobre un promontorio rocoso, que se extiende hasta donde alcanza la vista. La arquitectura es austera y funcional, con edificios de piedra de tonos terrosos que sugieren solidez y permanencia. Un cuerpo de agua oscuro, presumiblemente el mar o un lago, ocupa una parte considerable del primer plano, creando una barrera visual entre los personajes y el espectador. El cielo se muestra nublado, contribuyendo a una atmósfera serena pero ligeramente melancólica.
La iluminación es uniforme y difusa, sin puntos de luz dramáticos que acentúen ciertos elementos. Esto favorece la legibilidad de las figuras y del paisaje, pero también atenúa la intensidad emocional de la escena. Los rostros de los personajes son expresivos, aunque idealizados; el hombre central muestra una concentración intensa en su acción, mientras que sus compañeros parecen absortos en la escucha o en la contemplación.
Más allá de la representación literal de un evento religioso, esta pintura parece explorar temas de conversión y evangelización. La gesticulación del personaje principal sugiere un acto de predicación dirigido a un público inusual – se intuye una audiencia silenciosa e inesperada, posiblemente simbolizando la capacidad divina para alcanzar incluso a los seres más alejados de la fe. La presencia de la ciudad fortificada en el fondo podría interpretarse como una representación de la sociedad humana, con sus estructuras y convenciones, frente a la cual el mensaje religioso se presenta como una fuerza transformadora. La quietud del agua y la atmósfera general sugieren un momento de reflexión y contemplación, invitando al espectador a considerar su propia relación con lo divino. La disposición de los personajes, con el hombre central en primer plano y sus compañeros ligeramente relegados, podría indicar una jerarquía dentro del grupo o enfatizar la importancia individual de la figura principal como mediador entre Dios y el mundo.