Johan Gottlob Brusell – A Temple Staircase. Piece of Architecture
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La escalera ocupa el plano central, dividiendo visualmente la composición en dos zonas principales. En la parte inferior, se agrupa un conjunto de figuras humanas vestidas con ropas variadas: túnicas blancas, prendas de colores más vivos y atuendos que sugieren cierta solemnidad o rango social. Algunas parecen conversar animadamente, mientras otras observan el ascenso por la escalera con una expresión de expectación o reverencia. La disposición de estas figuras no es aleatoria; se organizan en pequeños grupos, creando un dinamismo sutil y guiando la mirada del espectador hacia arriba.
En la parte superior, la arquitectura del templo domina la escena. Se distinguen columnas corintias ricamente decoradas, nichos que albergan esculturas de figuras femeninas aladas (posiblemente representaciones de diosas o virtudes), y una serie de arcos que se pierden en la penumbra. La luz, aunque tenue, ilumina selectivamente ciertas áreas, resaltando los detalles arquitectónicos y creando un juego de luces y sombras que intensifica el dramatismo de la escena.
Más allá de la representación literal de una escalera y un templo, esta pintura parece sugerir temas relacionados con la jerarquía social, la búsqueda del conocimiento o la espiritualidad. La escalera puede interpretarse como una metáfora del ascenso hacia un estado superior, ya sea intelectual, moral o divino. La presencia de las figuras humanas, con sus diferentes atuendos y expresiones, podría aludir a la diversidad de caminos que conducen a ese objetivo. El templo en sí mismo simboliza un lugar sagrado, un refugio de la vida cotidiana donde se busca la verdad y el sentido de la existencia.
El uso del claroscuro contribuye a crear una atmósfera de misterio e introspección. La penumbra que envuelve las partes superiores de la composición invita al espectador a imaginar lo que se esconde tras esa barrera visual, fomentando así una sensación de asombro y reverencia ante lo desconocido. La pintura no ofrece respuestas fáciles; más bien, plantea preguntas sobre el propósito de la vida y la naturaleza del ser humano en relación con un orden superior.