Peter Paul Rubens – The Assumption of the Virgin
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La composición se centra en una figura femenina ascendiendo rápidamente hacia el cielo, envuelta en un resplandor luminoso y vestida con túnicas blancas y azules. Su rostro expresa una mezcla de serenidad y éxtasis, mientras sus brazos se extienden en un gesto de entrega y aceptación. La luz que la rodea no solo ilumina su figura sino que también enfatiza su naturaleza celestial.
Alrededor de ella, una multitud de figuras menores –ángeles infantiles– la acompañan en su ascenso, sosteniendo flores y coronas, contribuyendo a la atmósfera de júbilo y solemnidad. Estos seres alados parecen impulsar el movimiento ascendente, creando un dinamismo visual considerable.
En la parte inferior del cuadro, se observa un grupo de personas reunidas, con expresiones de asombro, devoción y dolor. Algunos elevan sus manos hacia la figura que asciende, mientras otros muestran signos de angustia o contemplación. La variedad en las edades y vestimentas sugiere una representación de toda la humanidad presente ante este evento extraordinario.
La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de tonos dorados, azules y blancos, que evocan lo divino y lo trascendental. El uso del claroscuro acentúa el contraste entre las figuras celestiales y el grupo terrenal, reforzando la idea de una separación entre dos mundos.
La escena parece representar un momento de transición, una elevación desde la esfera terrena hacia la espiritualidad. La mirada ascendente de los personajes en la parte inferior sugiere una aspiración a lo divino, un deseo de participar en esta ascensión o al menos presenciarla con reverencia. El gesto de algunos que parecen sostener objetos podría indicar ofrendas o símbolos de fe.
La pintura transmite una fuerte carga emocional y religiosa, enfocándose en temas como la salvación, la redención y la conexión entre lo humano y lo divino. La representación del movimiento ascendente puede interpretarse como un símbolo de esperanza y liberación espiritual.