Metropolitan Museum: part 2 – Edgar Degas - The Ballet from Robert le Diable
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En el plano frontal del escenario, una bailarina se encuentra en pleno movimiento, con una expresión concentrada y un gesto que sugiere una transición entre poses. A su alrededor, otras figuras femeninas, vestidas con atuendos blancos y pastel, parecen estar ensayando o preparándose para la actuación. La iluminación es desigual; algunos cuerpos están bañados por una luz tenue y fantasmal, mientras que otros se funden en las sombras, creando una atmósfera de misterio e inestabilidad. Se percibe un telón de fondo arquitectónico con arcos que se repiten indefinidamente, sugiriendo la grandiosidad del teatro pero también una sensación de confinamiento.
La parte inferior de la pintura está dominada por los rostros y las figuras de los espectadores. Estos individuos están representados con pinceladas rápidas y expresivas, capturando su diversidad en términos de edad, expresión facial y vestimenta. Algunos parecen absortos en el espectáculo, mientras que otros muestran signos de aburrimiento o indiferencia. La disposición de estos personajes crea una barrera visual entre el público y la escena, enfatizando la distancia social y la separación entre los mundos del arte y la vida cotidiana.
La paleta de colores es limitada, con predominio de tonos oscuros y apagados que contribuyen a la atmósfera melancólica y contemplativa de la obra. El uso de la luz y la sombra es particularmente efectivo para crear una sensación de profundidad y dramatismo.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como la fugacidad del arte escénico, la naturaleza efímera de la belleza y la relación entre el artista, el público y la representación. La presencia de los espectadores, con sus diversas reacciones, sugiere una reflexión sobre la recepción artística y la subjetividad de la experiencia estética. La atmósfera general evoca una sensación de nostalgia y decadencia, como si se estuviera contemplando un momento perdido en el tiempo. Se intuye una crítica sutil a las convenciones sociales y al mundo del espectáculo, donde la apariencia y la superficialidad pueden prevalecer sobre la autenticidad y la emoción genuina.