David Klöcker Ehrenstråhl (Attributed) – Karl XI, King of Sweden, with family
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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A ambos lados de la reina se alinean los demás miembros de la familia: un hombre vestido con un atuendo oscuro y formal, posiblemente el rey; una mujer más joven, quizás una princesa o hermana, sosteniendo un abanico; otro hombre, presumiblemente un príncipe heredero, que adopta una postura ligeramente más relajada pero igualmente digna; y finalmente, un niño pequeño, sentado a sus pies, con un perro a su lado. La presencia del perro, un símbolo de lealtad y nobleza, refuerza la imagen de una familia virtuosa y poderosa.
En el fondo, sobre un caballete, se aprecia un retrato enmarcado de un hombre, probablemente el rey o un antepasado importante. Esta inclusión crea una sensación de continuidad dinástica y enfatiza la tradición hereditaria del poder. La luz, aunque tenue y uniforme, resalta los rostros y las vestimentas de los retratados, contribuyendo a la atmósfera de solemnidad y reverencia.
El uso de colores oscuros y ricos en el fondo y en la indumentaria de los personajes sugiere una época de formalidad y protocolo estricto. La composición, aunque simétrica, no carece de cierta rigidez que podría interpretarse como un reflejo de las convenciones sociales de la época.
Más allá de la mera representación de una familia real, el cuadro parece tener como subtexto la transmisión del poder y la legitimidad dinástica. La disposición de los personajes, la riqueza de sus vestimentas y la presencia del retrato enmarcado contribuyen a construir una imagen de autoridad y estabilidad. La mirada directa de algunos de los retratados, especialmente la reina, establece un vínculo con el espectador, invitándolo a reconocer y aceptar la legitimidad de esta familia como gobernantes. La escena evoca una sensación de permanencia y continuidad, sugiriendo que esta familia encarna los valores y las tradiciones de su reino.