David Klöcker Ehrenstråhl – Fåfängt arbete
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Los infantes, vestidos con ropajes vaporosos y adornados con cintas y rizos, exhiben gestos de curiosidad, juego e incluso cierta indiferencia hacia la figura central. Uno de ellos sostiene un espejo, reflejando una imagen distorsionada que podría interpretarse como una crítica a la vanidad o la superficialidad. Otro niño parece ofrecerle algo, mientras que otros observan con expresión contemplativa.
La figura negra, sentada sobre una tela blanca y arrugada, se presenta con una postura activa, extendiendo un brazo hacia uno de los niños blancos. Su piel oscura contrasta fuertemente con la palidez de los demás personajes, generando una marcada diferencia visual que invita a la reflexión sobre temas de raza, identidad y poder. No obstante, su expresión es difícil de leer; no se puede determinar si refleja alegría, sorpresa o incluso una sutil protesta.
El autor ha empleado una iluminación suave y difusa para resaltar la delicadeza de los rostros infantiles y el contraste entre las diferentes tonalidades de piel. La composición general sugiere una reflexión sobre la naturaleza humana, la inocencia perdida y las relaciones sociales basadas en la diferencia. La presencia de la figura negra, aunque integrada en la escena, no se explica explícitamente, lo que permite múltiples interpretaciones: podría representar a un sirviente, un símbolo de exotismo o incluso una alegoría sobre la condición humana en su diversidad. La tela arrugada sobre la que descansa la figura oscura puede simbolizar fragilidad, transitoriedad o incluso opresión.
En definitiva, la pintura plantea interrogantes sobre las jerarquías sociales y los prejuicios implícitos en la representación de la diferencia, a través de una puesta en escena aparentemente inocente y bucólica. La ambigüedad inherente a la obra invita al espectador a cuestionar sus propias percepciones y a reflexionar sobre el significado profundo de la interacción entre estos personajes.