Agostino Brunias – West Indian Man of Color, Directing Two Carib Women with a Child
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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Las mujeres, vestidas con ropas rudimentarias de color rojo, cargan sobre sus espaldas una estructura de mimbre que podría ser una cesta o un cesto para transportar mercancías. Sus rostros denotan una expresión de concentración, casi resignación, mientras avanzan por el terreno irregular. El niño, a su vez, camina junto a ellas, imitando sus gestos y postura.
El hombre, situado en primer plano y ligeramente alejado del grupo, señala hacia adelante con un gesto imperativo. Su posición sugiere una jerarquía clara: él es quien dirige la acción, mientras que las mujeres y el niño parecen obedecer sus instrucciones. La presencia de un bastón en su mano refuerza esta idea de autoridad y control.
La paleta cromática se centra en tonos terrosos y verdes, evocando la exuberancia del paisaje tropical. El cielo, con pinceladas rápidas y ligeras, aporta una sensación de amplitud y luminosidad a la escena. La luz incide sobre las figuras, resaltando sus rasgos y volúmenes, pero también contribuyendo a crear un ambiente algo melancólico.
Más allá de la representación literal de una escena cotidiana, esta pintura plantea interrogantes sobre las relaciones de poder y la dinámica social en el contexto colonial. El contraste entre la vestimenta formal del hombre y la sencillez de la indumentaria indígena subraya las diferencias culturales y económicas que existían entre los colonizadores y los nativos. La actitud sumisa de las mujeres, junto con la mirada fija y aparentemente carente de expresión, sugiere una situación de subordinación y explotación.
La imagen invita a reflexionar sobre la complejidad de la identidad racial y cultural en el Caribe colonial, donde se entrelazaban influencias europeas, africanas e indígenas. El hombre, con su apariencia mestiza, podría representar una figura intermedia entre estas culturas, un producto del sistema colonial que al mismo tiempo lo perpetúa y lo cuestiona. La pintura, por tanto, no es simplemente una representación de la realidad, sino una reflexión sobre las tensiones y contradicciones inherentes a ella.