Metropolitan Museum: part 4 – Copy after Hans Holbein the Younger - Lady Lee (Margaret Wyatt, born about 1509)
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La figura se presenta contra un fondo oscuro, casi monocromático, que acentúa la luminosidad de su rostro y vestimenta. Este contraste contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y nobleza. La mujer viste un vestido de terciopelo burdeos, ricamente adornado con encajes blancos que delinean el cuello y los puños. Un broche floral, delicadamente pintado, se adhiere al pecho, añadiendo un toque de suntuosidad. La joyería es abundante: una elaborada diadema incrustada de perlas enmarca su cabello negro, mientras que pendientes colgantes complementan la ornamentación.
Su rostro es pálido y sereno, con ojos oscuros que transmiten una expresión contenida, casi melancólica. La boca está ligeramente cerrada, sugiriendo una actitud reservada y digna. La piel, representada con gran realismo, muestra sutiles imperfecciones que le otorgan autenticidad a la representación.
En el ángulo superior derecho, se aprecia una inscripción: SVAE · 34, indicando presumiblemente su edad al momento de ser retratada. A su lado izquierdo, la palabra ETATIS refuerza esta información sobre su edad. La inclusión de estos datos es característica del retrato renacentista, donde la identificación y el registro de la identidad eran elementos cruciales.
El gesto de las manos, entrelazadas frente a ella, denota modestia y pudor. La representación detallada de los anillos que lleva en sus dedos subraya su posición privilegiada dentro de la sociedad. La luz incide sobre las manos y el rostro, creando un juego de sombras que modela las formas y acentúa la textura de los tejidos.
Más allá de la mera reproducción de una apariencia física, esta pintura parece aspirar a transmitir una imagen idealizada de la mujer noble: virtuosa, piadosa y consciente de su linaje. La sobriedad del fondo y la ausencia de elementos decorativos superfluos refuerzan la impresión de un retrato destinado a perdurar en el tiempo como testimonio de una época y una clase social específicas. La mirada directa al espectador establece una conexión íntima, invitando a la contemplación y a la reflexión sobre los valores que se buscaba encarnar.