Metropolitan Museum: part 4 – Sir Henry Raeburn - The Drummond Children
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El niño montado en el centro del caballo exhibe un atuendo formal: un frac verde oscuro adornado con una elaborada boina emplumada, que contrasta con la informalidad del entorno. Su expresión es seria, casi melancólica, lo que sugiere una cierta conciencia de su posición social o quizás una introspección temprana. El niño a su izquierda, también montado, muestra una actitud más despreocupada y juguetona, con una mirada curiosa dirigida hacia el espectador.
La niña, vestida con un sencillo vestido blanco, se destaca por la pureza de su apariencia. Su postura es ligeramente inclinada, como si estuviera ofreciendo algo que sostiene en sus manos: un recipiente de metal, posiblemente para recoger agua o flores. La delicadeza de su rostro y la suavidad de su expresión transmiten una sensación de inocencia y fragilidad.
El fondo, pintado con pinceladas rápidas y sueltas, sugiere un paisaje agreste y salvaje, aunque los detalles son escasos. Los árboles se alzan imponentes, creando una atmósfera misteriosa y evocadora. La ausencia de figuras adultas refuerza la idea de que estos niños están en un espacio propio, protegido del mundo exterior.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la infancia, el estatus social y la transición entre la inocencia y la madurez. El contraste entre la formalidad de la vestimenta de uno de los varones y la sencillez del atuendo de la niña podría aludir a las diferentes expectativas que se tenían para niños y niñas en la época representada. La presencia del caballo, símbolo tradicional de poder y nobleza, sugiere una conexión con la aristocracia y el linaje familiar. En conjunto, la pintura evoca un sentimiento de nostalgia por la infancia perdida y una reflexión sobre los valores y convenciones sociales de una época pasada. El juego de luces y sombras contribuye a crear una atmósfera enigmática que invita al espectador a imaginar las historias y emociones que se esconden tras esta escena familiar.